Las primeras páginas de ‘Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses’

Si quieres empezar a leer ya Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses, de Chesús Yuste, aquí tienes el principio:

EL MENSAJERO Y EL FRANCOTIRADOR

Rebeldes irlandeses durante el Levantamiento de Pascua de 1916–Capitán, tráigame al mensajero.

Apenas unos minutos después, un joven pelirrojo con la cara salpicada de pecas se cuadró ante el comandante. Uniforme impecable, como se espera de quien aún no ha entrado en batalla. Permanecía erguido, con gesto solemne, pero había algo que no iba bien. Un ligero balanceo le restaba seriedad. Y luego un hipido. Y luego otro. El chico sonrió.

–Voluntario… hip… Séamuuuuus… hip… O’Dooooonnell. Hip… A sus órdenes, señor. –Cuando abrió la boca para presentarse, un aroma intenso a whiskey abofeteó al comandante, que apartó el rostro con gesto desagradable.

–Está borracho, qué vergüenza. Capitán, tráigame otro voluntario.

No todos los días se iba a convertir uno en protagonista de la historia. No de un relato más o menos ingenioso, o de un episodio de andar por casa. Aquel día tenía una cita con la Historia de verdad, sí, con mayúsculas, con una H enorme como una portería de fútbol gaélico.

–¡A cumplir! –Solemnemente su padre le había despedido con un abrazo, de esos acompañados de palmadas sonoras en la espalda–. ¡A cumplir!

Su padre no podía mostrarse más orgulloso de él. Incluso llegó a buscar en el doble fondo del armario aquella botella de whiskey tan especial que guardaba para las grandes ocasiones. Y no habría en su vida ocasión más especial que aquella. Al menos hasta que los ingleses abandonaran la isla. Y alzó su vaso para brindar en voz baja, para no despertar a la madre, que tal vez intentara frustrar la partida del muchacho hacia su destino, o a los hermanos pequeños, que montarían tal algarabía que seguro que alarmaba al cuartelillo de la Policía Metropolitana de Dublín más cercano. «Por la libertad de Irlanda», proclamó el padre con la voz medio ahogada por la emoción y repitió el muchacho con una lágrima embalsada en el párpado derecho. Vaciaron los vasos de un trago y dejaron que el alcohol quemara las telarañas de la garganta.

Aún tuvieron tiempo de tomar otro vaso. Otro brindis. Otro trago. Otro abrazo. Otra lágrima. ¡A cumplir! Y el muchacho se perdió en la noche, camino del parque de Saint Stephen.

No pudo avanzar… [Sigue leyendo en el PDF con las primeras páginas de “Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses, por gentileza de Xordica Editorial.]

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