‘Innisfree’, la columna de Felipe Juaristi en Diario Vasco

[La columna sabatina de Felipe Jauristi en el Diario Vasco, decano de la prensa guipuzcoana, el pasado 4 de julio se dedicaba a Regreso a Innisfree y a la pasión por Irlanda.]

Innisfree 

Felipe Juaristi

FJuaristi DVLlega Chesús Yuste a San Sebastián a presentar su nuevo libro, titulado Regreso a Innisfree. Son diez los relatos que componen el libro, relatos irlandeses, de amor y de guerra, de vidas poco ejemplares, inmersas entre la santidad y la corrupción, que tratan de seres poco dados a la contemplación y más al placer que al deber categórico. El libro huele a vida, y trae escondida entre sus páginas el sabor de la cerveza roja. Hay mucho humor, no de trazo grueso, sino del fino que va calando como el sirimiri, hasta humedecer todas las junturas del cuerpo y todas las cuadernas del alma, que en Irlanda hay muchas.

Nunca se conoce un país del todo, por mucho que se esté o se haya estado en él. He estado muchas veces en Dublín y recuerdo haber ido al hotel a altas horas de la noche en taxis lentos, y también recuerdo haber discutido de poesía con los taxistas, sobre Yeats y Seamus Heaney. Recitaba en voz alta “Anything can happen”, porque en Dublín puede suceder cualquier cosa. No sé, los recuerdos se confunden y nos confunden. Quizá todo sea una ardid de la imaginación que nos hace ver a los irlandeses como los queremos ver, aunque no sepamos a ciencia cierta cómo son. La culpa, en parte, la tienen las películas de John Ford, donde irlandeses simpáticos y rociados o embadurnados en alcohol, en medio de la refriega contra indios, se ponen a cantar y a la vez que cantan se ponen a añorar tierras lejanas, verdes e inaccesibles, evidentemente, para ellos.
En Donostia también puede suceder cualquier cosa; que, por un momento, se convierta en Innisfree, lugar mítico, que no real, donde desaparecen la sordidez y gravedad de la vida, y todo se convierte en más ligero, más amable, más accesible. Hay lugares entrañables en esta ciudad, donde se pueden encontrar la pluma de un ángel, el cuerno quemado de un demonio, la barba postiza de Barrabás, el señuelo de un sueño, la estela de una estrella fugaz, la musa de un poeta, tomando un aperitivo, mientras lee versos encendidos.

Presentamos el libro, acudieron los amigos, movidos por la fuerte convicción del cariño, más que el de la literatura, pero por algo se empieza. Hacía calor y para demorar el acto y darle trascendencia, hicimos preguntas y sacamos fotos, con los móviles. Luego dimos una vuelta, y la noche es una ventana a la que se asoman los personajes de la vecindad, que bien pudieran ser del libro, porque hay un momento en que todas las ciudades son la misma.

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