Así empieza ‘El síndrome de Oisín’

¿Cómo explicar la pasión por Irlanda que sentimos quienes no hemos nacido allí ni tenemos sangre  irlandesa? Para intentarlo Chesús Yuste escribió este relato, El síndrome de Oisín, que, en la página 61 de este libro, empieza así:

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Lentamente el mundo se desnudó para mí. Las nubes parecían retenidas como en una acuarela. Las salpicaduras blancas del oleaje se habían congelado por un instante. El tiempo se había detenido y en mi pecho no encontraba el aire para continuar adelante. Segundos de eternidad cuando me asomé al fin del mundo. Nunca había visto tanta belleza. Hasta que el frío viento del Atlántico me sacudió, echándome un paso atrás. Apenas alcanzaba a ver por completo ese inmenso horizonte que quería retener para siempre. El azul del cielo se mezclaba con el azul del mar, salpicado con la espuma de las olas que se lanzaban suicidas contra los peñascos que jalonaban las proximidades de la costa. A mis pies, a doscientos metros, el océano golpeaba una y otra vez la pared moldeada por las olas a lo largo de los siglos. A pesar de haber admirado ese paisaje tantas veces en fotografías, durante tantos años buscándolo en libros o en internet, la visión real resultaba aún más sorprendente. Un paisaje increíble, el más hermoso que había visto. Los acantilados de Moher.

A unos centímetros del abismo, azotada por el aire atlántico, me sentí viva, más viva que nunca. Sola en la inmensidad del planeta, aunque centenares de turistas peregrinaban alrededor disfrutando de aquella maravilla. Pero su bullicio parecía llevar sordina. Sólo escuchaba el bramar del agitado oleaje. Entonces empecé a llorar. El aire, que me habría molestado en los ojos, me engañé, supongo. Unos preciosos ojos de un azul verdoso, aunque esté mal que yo lo diga. Ojos irlandeses, solía decir. Así me falta menos para ser de allí, bromeaba con los amigos que conocían mi querencia por ese país en el que jamás había puesto los pies.

Este era mi primer viaje a Irlanda. Y estaba superando lo que había imaginado durante tanto tiempo, por exagerado que fuera. Tanta belleza me estaba dejando hechizada, repetía una y otra vez a mi familia y amigos cuando les telefoneaba al final de cada jornada. [Sigue leyendo en el libro Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses.]

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Un pensamiento en “Así empieza ‘El síndrome de Oisín’

  1. Silvia Larrart

    Hace una semana que regresé de mi primer viaje a Irlanda, estoy encantada con todo lo que vi, repaso las fotos y busco más información para hacer entradas en mi blog.
    Así es como llegué aquí a este hermoso lugar, te felicito por compartir tu pasión de una forma tan sencilla e instructiva.
    Tengo a una de mis hijas estudiando allí, así que espero volver pronto, como tu dices hay mucho para ver.

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